20/04/2017 CABA

La conectividad comunitaria es una realidad en la Villa 20, al impulso de una organización social

El proyecto Atalaya, que logró llevar Internet comunitaria a la porteña Villa 20, tambien proveyò de conectividad a la localidad jujeña de La Quiaca.

La utilización de la fibra óptica, de la radiofrecuencia, de software libre, capacitación en tecnología, talleres de robótica y un portal de noticias son el combo de herramientas y acciones que utiliza el proyecto Atalaya, con el que logró llevar internet comunitaria a la porteña Villa 20 y conectividad a la localidad jujeña de La Quiaca, la que se extenderá la semana próxima a las 450 personas de la vecina Cieneguillas, en la Puna.

"Trabajamos desde 2014 para brindar conectividad a sectores que no tienen acceso a internet, con una lógica distinta, porque no sólo se trata de consumo, sino de participación; la conectividad en el marco del derecho a la comunicación, que la red de wifi sirva a la construcción de un espacio público", resumió a Télam Manuela González Ursi, integrante de Atalaya y de la organización Comunidad, que sustenta el proyecto.

En la sede de la ONG, en el corazón de la Villa 20 en Lugano, mate mediante, una docena de integrantes del colectivo social y vecinos compartieron con esta agencia los inicios, la actualidad y los planes de la experiencia colectiva de conectividad a internet y el impacto social que genera.

"A mí, me abrió la cabeza", contó uno de los primeros vecinos que tuvo acceso al servicio, Juan José, un apasionado de los libros a quien el mundo web le permitió "llegar a textos que creía inalcanzables por el precio" y que ahora se baja ebooks con audio que le permiten seguir "leyendo" mientras trabaja.

Para que Juan José y otros cientos de vecinos del barrio puedan navegar, el equipo de Atalaya se formó y generó alianzas con alumnos y profesores de las universidades Tecnológica Nacional y de Buenos Aires.

Primero fue un estudio de prefactibilidad "para armar un primer esquema de red que básicamente consistía en lograr tener Internet en la sede de la ONG. La solución técnica combina la fibra óptica con la radiofrecuencia", explicó la dirigente social.

A la fibra óptica "la recibimos en un complejo donde funciona la cooperativa Los Bajitos, a cinco cuadras de acá, y por radiofrecuencia, es decir por aire, logramos que llegue a través de una antena intermedia que está en casa de una vecina, hacia nuestro local y eso permite iluminar -llevar Internet- a 70 metros a la redonda", agregó.

Logrado el objetivo, la conexión se extendió primero a diez familias del barrio, en un proyecto piloto que concluyó en el armado de la red pública "a través de nodos instalados en toda la villa que hace que la gente pueda conectarse de manera libre y gratuita en los espacios públicos".

"Internet es terapéutico", intervino Miranda, una vecina con un hijo de 26 años que convive con una cuadriplejia a raíz de un accidente laboral, y a quien navegar por la web "le cambió la vida".

"Todas las personas fueron y son parte del proceso", destacó Nicolás Pertierra, miembro de Atalaya, porque uno de los ejes de la iniciativa fue y es capacitar a los vecinos en la instalación del servicio y en el mantenimiento.

Por eso Santiago, uno de los primeros residentes del lugar en tener acceso a la red, valoró "el concepto comunitario del servicio, porque colaboramos en poner la antena, conectamos, nos enseñaron qué hacer si nos falla algo. Y estoy agradecido, porque Internet es una ventana al mundo".

En la Villa 20, niños y adolescentes se capacitan desde 2014 en robótica y ya lograron armar su propia impresora 3D, que ahora muestran con orgullo desde una sala donde seis computadoras son utilizadas por chicos del barrio para capacitarse y hacer la tarea escolar.

"Muchos niños, y sobre todo niñas, luego de hacer el taller de robótica eligieron seguir la secundaria en escuelas técnicas. Encontraron un nuevo camino", resaltó González Ursi.

En la rueda de mate está Graciela, que vive en el asentamiento y se encargó de capacitar a adultos: "Aprendimos desde cómo abrir una cuenta de mail, cómo escribir en word, hasta cómo navegar", señaló.

Así fue que Nelly se metió en el mundo online, lo que le permite estar en contacto con sus hijos, que se quedaron en Bolivia. "Me modernicé", compartió sonriente, y eso la llevó también a reencontrarse con una amiga que no veía desde la década del '70.

El proyecto se completa con un portal, www.villa20.org.ar, que "es participativo, porque vecinos y organizaciones del barrio suben sus contenidos y opinan. Por ejemplo, resumimos lo que se decide en las reuniones que hace el Instituto de la Vivienda para definir la urbanización de la villa o los reclamos por mas comedores comunitarios, tan necesarios", detalló Marcos, encargado de mantener el sitio.

La experiencia de Villa 20 llegó a Jujuy, primero a La Quiaca y la semana que viene al pueblo de Cieneguillas, a 34 kilómetros de allí.

"No pudimos replicar el proyecto en Jujuy porque las grandes empresas del sector no hicieron las inversiones necesarias y entonces usamos otra estrategia: usamos la misma infraestructura de la villa, con el equipo técnico formado acá, pero para armar una intranet privada, no con acceso a Internet, sino que a través del software libre montamos plataformas que cumplen la misma función que Internet", describió la referente de Atalaya.

Mientras el grupo prepara el viaje a la jujeña Cieneguillas, y piensa en extender la conectividad comunitaria a otras villas porteñas y localidades de la Puna, Juan José, el amante de los libros, reflexionó: "Nos estamos haciendo más libres, nosotros, y nuestros hijos".
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