20/04/2017 libro

Juan José Becerra: “La escritura es conservadora y los libros son siempre un museo de la lengua”

En su libro "El artista más grande del mundo", este guionista y periodista se pone en el lugar de un escritor al que un dolor crónico le impide escribir.

En su nuevo libro, "El artista más grande del mundo", Juan José Becerra se pone en el cuerpo de un escritor al que un dolor crónico le impide escribir -pero no pensar en voz alta- para contar la historia de un escultor megalómano, excéntrico y millonario, una novela punzante que reflexiona sobre el objeto artístico, la literatura y la práctica de la escritura.

Esteban Krause es el protagonista de este libro, o por lo menos es el protagonista de la historia que narra Alejandro Del Valle. Resulta que los dos, amigos, uno un extravagante escultor, el otro un autor del montón (con la particularidad de que es un escritor que no escribe sino que habla), son los personajes con los que Becerra da forma a esta novela, que en definitiva es una novela sobre las formas artísticas.

Un libro sobre las formas, en varios sentidos: las que supone el objeto artístico (¿es una obra de arte el diseño de una trampa para jabalíes?) o los modos en los que se ejecuta el arte, por caso el narrador ficcional, un escritor parlante: "Siento como si escribir fuera quedarse, y hablar, en cambio, irse lejos, muy lejos: irse y no volver. Debe ser porque lo que se escribe se ve, mientras que lo que se habla ¿dónde es que va a parar".

Después de su celebrada novela "El espectáculo del tiempo", Juan José Becerra (1965), también guionista y periodista, despliega en su último trabajo una trama en la que se coloca como narrador de otro narrador y desde allí -y a partir del devenir biográfico del escultor- desata reflexiones sobre la literatura, la escritura, el mercado del arte, como también sobre los modos de hacer y consumir arte.

-Télam: En la novela se juega una tensión entre escultura y literatura: para Krause su disciplina es superior porque "está en algún lado", mientras que la literatura no. ¿Cómo se conjuga eso con la idea de forma artística?
-Juan José Becerra:
La materialidad de la literatura es un hecho industrial. Digamos que es lenguaje paralizado, del que se pierde de vista su condición original de flujo porque desde hace mucho tiempo existen técnicas para fijarlo. Supongo que antes de las primeras escrituras en piedra debió ser desesperante ver que el lenguaje pasaba sin detenerse, que es la operación clave para que la literatura esté en algún lado. Yo diría que la literatura es un río congelado. Evidentemente, me interesó recordar la condición volátil de la lengua y tal vez por eso es que el escritor que cuenta la historia de Krause es un novelista que habla.

-T: A partir de ese narrador que no escribe se disparan un montón de reflexiones sobre el oficio: ¿qué definiría entonces al escritor?
-J.J.B.:
El arte es conservador por principio, al margen de si se manifiesta como vanguardia o reacción a la vanguardia. Salvo excepciones, quiere quedar. Su misión es detener el tiempo. Las esculturas, los cuadros, los libros, el cine son continentes que trafican formas que aspiran a hacerse notar y permanecer. Tiene que haber algo de soberbia en los grandes museos que califican sus muestras patrimoniales con el rótulo de permanentes. Prefiero considerar lo permanente como un fenómeno temporario, como ese peinado que llaman permanente y apenas dura una fiesta. Por lo tanto, la escritura es conservadora y los libros son siempre un museo de la lengua. Lo que hace el narrador de esta novela es convencerse de que una buena experiencia literaria podría ser retener y dejar escapar la lengua al mismo tiempo. Es un escritor parlante que empieza a sospechar que escribir como lo ha estado haciendo es controlar y entonces prefiere entregarse a la catástrofe de hablar sin corregirse, lo que para él es un tipo de escritura nueva.

-T: Sin embargo la escritura supone la acción de escribir... ¿no hacerlo no es una contradicción?
-J.J.B.:
Para mí un escritor es una persona que produce escritura aunque la haga en el aire, algo que no es solamente escribir, ya que todos sabemos que escribir, escribe cualquiera. Tiene que haber una especificidad formal y una posición ética en el escritor, algo que lo distinga de la persona que escribe sin búsqueda. Un escritor no puede ser nunca una persona que considere el acto de escribir una profesión, un hobbie o una terapia. El escritor que quiera terapia que vaya al psicólogo. Como lector creo distinguir perfectamente entre quienes son escritores de escritura y quienes no lo son. Alan Pauls es un escritor de escritura y Marcos Aguinis no, y yo no sé si lo soy porque lo que sean mis libros no depende de mi juicio. Pero así como cada cual reconoce escritores según su mambo, también podemos preguntarnos dónde está la literatura. Se tiende a creer que solo está en los libros y yo creo que está adentro y afuera de los libros. Digamos que está en lo literario.

-T: ¿Y qué sería lo literario?
-J.J.B.:
Es la preexistencia de la escritura, la escritura en estado natural, la materia prima. Lo literario es el pez y la escritura es el pescado, lo que exige un tratamiento en la relación entre naturaleza y arte.

-T: Así como la literatura, otro eje que atraviesa la novela es el mercado del arte, el objeto y sus modalidades de consumo...
-J.J.B.:
Nadie sabe muy bien por qué algo triunfa o fracasa en el mercado del arte, incluyendo a la literatura. El sistema de consagración sigue siendo un misterio en el que se puede discutir todo. El arte contemporáneo enloquece un poco todo ese mundo porque en alguna medida sustituye el saber hacer, como por ejemplo saber esculpir o saber pintar, por el saber hacer ver, que es lo que hizo grande a (Marcel) Duchamp y contribuyó al enriquecimiento de muchos artistas pequeños. Pero por otro lado, nos fascina ver cómo puede justificarse el concepto de valor mediante leyes románticas que, por lo general, no salen del me gusta o no me gusta. El valor del arte es un asunto apasionante porque es el fracaso rotundo de la unanimidad.

-T: El narrador de la novela se posiciona apocalíptico respecto a la literatura, que a su juicio "morirá pronto" y sobre la ficción en la que "ya no se puede creer". ¿Hay puntos en común entre las reflexiones del personaje y las tuyas?
-J.J.B.:
Bueno, que se siga creyendo en la ficción es una sorpresa cultural y significa que lo antiguo de la literatura, es decir su poder de encantamiento, persiste todavía a pesar de que la lectura es una experiencia fundada en artificios. Hay que depositar la fe en algo y algunos lo hacemos en la ficción. En cuanto a que la escritura literaria morirá pronto, no coincido con mi narrador como en tantas otras cosas. Al contrario, creo que no morirá nunca, como nunca morirá la filatelia o la pesca con mosca. Lo específico tiene la fuerza de la perversión, lo que garantiza su supervivencia. Ahora, en cuanto a asuntos de cantidad, está claro que la literatura siempre asumió sin problemas su condición de arte minoritario.
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